La capacidad mental…

Desde pequeña me pregunté cómo sería si pudiéramos experimentar lo que el otro siente, ver lo que esa persona ve, entender su mundo, escuchar con sus oídos etc.

No se si llegará el día en el que podamos inventar algo para codificar los procesos cerebrales y sensoriales de una persona y replicarlos en otra. Tal vez ya alguien lo está intentando o tal vez no, no lo sé; de lo que estoy segura es que esa pregunta me la hacia con mayor frecuencia en mi niñez que ahora.

¿Será que a medida que crecemos vamos cerrándole posibilidades a nuestra imaginación, a nuestro cerebro y por ende a nuestra creatividad? Es probable que a medida que nos vamos ajustando más a los paradigmas sociales, se nos van cerrando un sinnúmero de posibilidades y nuestra capacidad de invención.

Hoy a mis casi 30 años, me es más difícil pensar en lectores cerebrales, transportadores de energía, en ir a la luna por mi cuenta y ya, hasta la posibilidad de seguir estudiando me parece mucho más lejana que antes.

Empecé un proceso de moldeamiento mental en el que la estreches de mi cavidad craneal ajusto mi cerebro y con él millones de posibilidades de crear, inventar, soñar, divagar y cuestionar.

Recuerdo que una vez, a mis escasos 10 años, un profesor del colegio preguntó que cuál era nuestra utopía. Para ese entonces la palabra utopía no tenía sentido, me parecía absurdo que alguien hablara de sueños imposibles de realizar pero aún así y consciente de su significado, busqué la respuesta más cercana a ésta. Cuando mis compañeros empezaron a responder, me sorprendí, no sé si ya estaban más aterrizados que yo pero a mi me parecía increíble que alguien llamara utópico el deseo de estudiar, ser profesional y/o tener una familia.

Mi respuesta, en cambio fue la de una niña cuyas neuronas flotaban por fuera de su cráneo y cuyo cerebro aún intentaba escapar por algún orificio de su cuerpo. “Yo quiero ir a la luna” respondí, a continuación se escuchó una burla colectiva, yo debía de estar muy loca o más bien estaba tan lejos de la realidad que sólo hasta hoy entiendo que a lo mejor las utopías de ellos, mis compañeros, si pueden llegar a ser sueños imposibles de alcanzar en una sociedad donde estudiar es un lujo y tener una familia y mantenerla es para ricos.

Luego de eso, cada año mi cerebro se reducía y mi capacidad creativa disminuía dejé de ver colores en los nombres de las personas que conocía, deje de estudiar música de la manera en que lo hacía , perdí disciplina en mis clases de baile y entendí que la sociedad no quería bailarines sino profesionales universitarios corrientes.

Ahora soy periodista, tengo una carrera decente que perfectamente cabe entre los estándares sociales, ya no bailo como solía hacerlo y mis sueños utópicos ya no son ir a la luna o poder entender lo que los demás sienten; hoy yo soy la que sueña con hacer una maestría, con que una persona me soporte lo suficiente para envejecer a mi lado y que mi familia pueda verlo antes de partir.

Por Sara Rengifo

Published by Sara Rengifo

I hold a BA in Social Communication—journalism and a Real Estate License in Florida. After more than 10 years working as a journalist in Colombia, I moved to the United States. I love everything related to real estate, construction, and design work. In my spare time, you might find me writing, reading, enjoying the beach, dancing, or volunteering with the Clearwater Marine Aquarium.

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