SoCal Tango Festival en California: Una Experiencia Transformadora de Tango y Conexión

El vuelo hacia lo desconocido SoCal (Southern California Tango Championship & Festival). Mi primer festival de tango, mi primera competencia, mi primera vez en California Estados Unidos. Nunca había competido en tango. Ni siquiera llevaba un año bailando. Pero algo dentro de mí decía que tenía que ir. Que esa experiencia tenía algo reservado para mí.

Afiche oficial con todos los maestros SoCal Tango Festival & Championship 2025.

Sí, competí. Me atreví. Pero lo hice desde la ignorancia. Pido perdón —a los jurados, a los maestros, a los compañeros— porque no sabía lo que hacía… al menos no hasta que llegué a SoCal.

Todo comenzó dos semanas antes. Wook, un coreano con el que había bailado un par de tandas en Sarasota, me escribió por Facebook: ¿Quieres competir conmigo en un festival en la categoría de Tango de Pista Amateur? 

Yo, que entendía “amateur” como “principiante”, le dije que sí casi sin pensarlo. Solo quedaban dos días para inscribirse. Mientras yo trataba de conseguir pasajes, él se encargaba de todo lo demás.

Después de comprar el tiquete, empecé a preguntar. Le escribí a Guada y Junior Cervilla, dos de los mejores bailarines de tango que conozco y quienes organizan una milonga al mes en Sarasota la cual fue mi primera milonga (a la que, por cierto, fui  por primera vez con solo tres clases encima… me da pena admitirlo).

Guada me respondió: “El nivel allá es alto. No es como acá. Van los que van para el Mundial. Pero gózalo, va a ser una experiencia linda. Te va a gustar”.

Y ahí entendí que, una vez más, había saltado del avión sin preguntar si había paracaídas. Pero como digo siempre: mi mayor miedo ya pasó y al ridículo le tengo poco o ningún miedo.

Durante esas dos semanas, antes del festival, solo pude bailar con mi compañero unas cinco veces más. Wook me había propuesto bailar con él porque la mamá de su esposa se había enfermado y ahora ella debía cuidarla y no podía viajar. Wook, decidió buscar a alguien con quien participar en la categoría  tango amateur. Supongo que le escribió a varias personas antes, pero justo dio conmigo —la que le dijo que sí sin pensarlo mucho.

Durante nuestra conversación me explicó su situación familiar y, además, me dijo algo que me tocó profundamente: “Ya estoy sobre los 55 años,  esta puede ser mi primera y tal vez mi última oportunidad de competir.”

Eso me terminó de convencer. No había más que decir. Compré los tiquetes y me lancé a la aventura.

Días antes del festival, Wook enfermó. No pudimos practicar tanto como hubiéramos querido, y aun así, contra todo pronóstico, pasamos a la semifinal. Pero yo sabía —lo sentía— que los jurados podían ver cuando no hay conexión con tu pareja de baile. Faltaba comunicación y sincronía. Después del festival de tango California,, me tomé el tiempo de escuchar a mi partner con más atención. Veníamos de mundos completamente distintos.

A los ojos de los expertos, él sacrificaba el abrazo por el paso. Pero para él, ese abrazo cerrado, que a mí me parecía cálido y necesario, ya era en sí mismo un acto enorme de irrespeto contra su esposa. Un sacrificio cultural. ¿Y cómo explicarle el tango? Son palabras que no entiende, sonidos ajenos, una fonética completamente diferente.

Él escribe con figuras indescifrables para mí, y yo igual para él. Si no fuera por el inglés, no podríamos sostener una conversación. Y cuando habla en su idioma, para mi oído suena extraño e inarmónico.

Aun así, llegamos lejos. Y nos sentimos orgullosos. Probablemente no estemos hechos para bailar tango juntos, pero le agradezco de corazón haberme convocado a esta locura. Fue, sin duda, una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. El tango, aunque frágil, tejió un puente entre dos mundos.

Cruzando al otro lado

Para llegar al evento había que cruzar un camino que unía los dos hoteles, el mio estándar… cómodo, sí, pero sin mayor pretensión y el Hilton donde se llevaba a cabo SoCal Tango Festival California. A medida que caminaba hacia allá, el ambiente empezaba a transformarse. El camino era bonito, casi ceremonial. Uno sentía que estaba entrando a otro mundo: más elegante, más vibrante, más vivo.

Apenas puse un pie dentro del Hilton, lo sentí. Todo era distinto. Al fondo, un letrero anunciaba el festival Tango California. Había que caminar unos pasos más, girar a la derecha, luego a la izquierda… y ahí estaba: el corazón del evento.

Las mesas de inscripción. Allí entregaban las manillas, vendían entradas individuales para clases o milongas, y se sentía la energía de quienes habían hecho todo esto posible. Fue ahí donde conocí a Dionisio, el camarógrafo. Yo, como casi siempre, un poco perdida, lo miré sin saber bien a dónde ir. Él, sin dudar, me preguntó si necesitaba ayuda. Le dije que sí, que acababa de llegar. “¿Vienes para el festival?”, me preguntó. Cuando le dije que sí, me sonrió con una calidez muy especial: “Yo te llevo”. Me acompañó hasta la mesa y, por fin, recibí mi manilla.

Me había asegurado de comprar la entrada completa. Quería vivirlo todo. No vine a ver qué pasaba. Vine a estar en todo.

Ese primer día, después de instalarnos, fui a mercar con mi compañero. Fuimos a un supermercado coreano —una experiencia muy especial porque él también lo es— y descubrí sabores, texturas y olores completamente nuevos. Fue, curiosamente, lo único que vi de Irvine, porque fuera del festival, no exploré nada más. Solo vine al evento. Era mi primera vez en California, mi primera vez en un festival de tango, mi primera vez en una competencia… y además, ¡mi primer año bailando tango! Todo era una primera vez.

Mi primera clase fue con Manuela Rossi y Juan Malizia, especialistas en tango escenario. Son brillantes. Tomé dos clases con ellos ese día. Estaba perdida, claro, sin saber qué seguía ni a dónde ir. En una de esas pausas, mi partner tuvo que irse a competir y me dejó sola en uno de los salones… Fue entonces cuando llegó Clarisa Aragón.

Hice una clase solo para followers, para chicas. Me encantó. Aunque muchas veces me tocó hacer los ejercicios sola porque no éramos suficientes para emparejarnos, lo disfruté profundamente. En esa clase también conocí a Chris, parte del staff. Me notó, conectamos. Creo que le llamó la atención mi entrega. Desde ahí empezamos a hablar. Fue lindo. Empecé a crear vínculos reales con personas que, hasta entonces, eran perfectos desconocidos.

La clase de Clarisa fue especial. Ella tiene un ángel, una dulzura…  una manera de enseñar que te envuelve.

Esa noche apoyé a mi compañero, Wook, y también a Andrés Bravo y Carolina Balmaseda, que ya sabía que competirían. Tengo el corazón con ellos desde hace mucho, los admiro. Pero también tenía el corazón con Jael Mantilla  y Jesús Aranguren, dos chicos a quienes había conocido solo ocho días antes del evento porque Wook los había contratado por dos horas para ayudarnos a preparar para la competencia… y terminé compartiendo habitación con Jael. Viví el festival desde muchos ángulos: como aprendiz, como competidora ingenua, como amiga de una profesional que lo vivía todo con pasión.

Lo que no sabía era que ese viaje marcaría un antes y un después, no solo en mi baile, sino en mi forma de habitar el arte… 

Competir sin conexión (cultural ni musical)

¿Cómo sobreviví a una competencia de tango Amateur con un compañero coreano sin una lengua en común?

Wook Cha y Sara Rengifo, durante la competencia SoCal 2025.

Apenas nos conocemos, no hablábamos el mismo idioma. Teníamos referencias musicales distintas, educación corporal distinta. Y sin embargo…Pasamos a semifinales. Contra todo pronóstico.

Mi mente comenzó a escribir esto desde el momento en que llegué al evento. Soy consciente de que, en algún momento, o tal vez ya haya un meme circulando con mi reacción cuando, dejando los pelos en el alambrado (como decimos en mi país), mi compañero y yo pasamos a la semifinal. No lo podía creer… Esa soy yo mientras bailaba y vivía el festival  escribía capítulos, párrafos y hasta páginas de historias, reflexiones y cuestionamientos a mí misma, que luego respondía. Y no solo en el tango, esto es, si aún no se ha notado, más profundo que una simple descripción del festival.

Pensé en mi papá, en mi vida, en cómo el ego nos juega malas pasadas, aunque sea por unos segundos, y no nos damos cuenta de lo heridos que estamos. Sentí y reflexioné sobre lo imperfecta que soy. Durante una clase, el día de la semifinal, me frustré con Wook durante la clase de musicalidad, dictada por Clarisa Aragón y Jonathan Saavedra. Como ambos escuchábamos la música de manera tan diferente, chocamos. Minutos después de acabar la clase, Clarisa, con ese carisma y mirada tan especial, se acercó a él y le explicó algo. Fue justo el momento en que teníamos que irnos. Salí del salón y ¡bum! Me dolió la rodilla, pero no la que siempre me duele, sino la que se supone que está mejor. En medio de esa frustración, sin saber cómo comunicarme con mi compañero de manera armónica y como equipo, paré afuera del salón —el mismo donde bailaríamos más tarde—, tomé agua y me pregunté: ¿por qué me duele la rodilla? Y la respuesta fue clara: eso es ego, Sara. Hay que bajarle al ego y entender que somos diferentes. Tal vez, en medio de mis reflexiones, mis caras eran chistosas, pero tuve momentos en los que parecía mirar al vacío cuando en realidad estaba escribiendo en mi mente, captando inspiración y fotografiando imágenes que ahora se traducen en palabras.

Para resumir esa reflexión: mi rodilla, como por arte de magia, dejó de doler. Tal vez mi ego somatizó. ¿Quise dejar a mi compañero y no presentarme con él porque no era como yo quería? Afortunadamente, reflexioné, me disculpé y seguimos adelante.

Así fui entendiendo cómo el cuerpo y la música se combinan y se vuelven arte. Pero la noche de la semifinal, esa misma noche en la que, evidentemente, no pasamos a la final, el ego nuevamente me dijo: “¿por qué no?” Pero había que decirle: “No te da”. Aquí no hay parejas improvisadas. Así funciona el tango: si no hay comunicación y conexión con tu pareja no está en la misma sintonía, el mensaje no se transmite claro ni limpio. Y eso era obvio entre mi compañero y yo, por lo que la sorpresa de no pasar a la siguiente ronda no fue tal.

Lo que entendí en ese momento es que conectar en el tango no solo se trata de sincronizarse con la música, sino también con tu pareja. Algunas veces logré sincronizarme con la musicalidad de mi líder, ya sea porque entendí los instrumentos que seguía o porque él, por tener más experiencia, ajustaba su señal para hacerme sentir bien. Pero, muchas veces, a pesar de estar perfectamente sincronizados con la música, faltaba algo, faltaba tango. 

Aveces el corazón quiere bailar, pero el cuerpo no responde. Fue una lección de humildad. El arte no siempre es perfecto, pero siempre es honesto.

Cuando el arte te habla en tu idioma, lo único que puedes hacer… es escuchar

Entendí lo que no se puede explicar. Todos dicen que el amor y el arte no se explican, solo se sienten. ¿Pero cómo explicar el amor a un arte? Qué cosa más abstracta… aún escucho el tango en mi cabeza: el violín, el piano, todo mezclado.

Facundo Pinero, Sara Rengifo y Vanesa Villaba en la clase de colgadas SoCal 2025.

Cuando escuché  hablar a Vanesa Villalba y a Facundo Piñero fue como una caricia a mi alma…. Lloré toda la clase entendí que cuando la genialidad se junta con la perseverancia, el estudio constante y la búsqueda no solo de entender, aplicar sino de explicar transmitir y comunicar,  buff, se hace magias. 

Se me estalló la cabeza, hay un término coloquial en inglés para explicar lo que sentí: “blowing my mind” nunca entendí exactamente esa expresión hasta que hice las dos clases con Facundo y Vanesa, de hecho se suponía debía hacer una sola clase con ellos y luego ir a clase con Cynthia Palacios y Sebastián Bolivar porque como buena novata quería probarlo todo, verlos a todos; pero el corazón se me enganchó ahí con ellos.

Era como si hablaran mi idioma, como si cada palabra saliera de mi mente viajara a sus bocas y volviera a entrar de manera codificada y clara como si mi corazón y cerebro destellaran ondas, luces y ellos fueran capaces de codificarlo para luego explicármelo de manera humana en el lenguaje simple de las palabras además en los dos idiomas que hablo y en el orden en que los aprendí a hablar. 

Pero el proceso era aún más complejo porque no solo era el lenguaje verbal cada movimiento hablaba, yo siempre he dicho que cuando uno baila los pies cantan , se comunican entre ellos como que uno habla y el otro responde así eran sus movimientos cuatro extremidades bajas mostrando el movimientos que no salían de ahí venían de cada célula, cada articulación, cada parte de esos dos maestros comunicaba magia, grandeza, simpleza, destreza pero sobretodo mucha limpieza…. Atención al detalle a lo simple.

Estaba sentada en el suelo, como muchos otros, mirando desde abajo. Fue una clase de ciencia y biomecánica explicada en poesía. ¿El resultado para mí? Lágrimas de emoción. Como quien mira una pintura que lo conmueve o escucha una canción que le toca el alma.

¿Quién dice que el arte no tiene ciencia? Esta gente aplica física pura… y la transforma en arte.

Al final, le dije a Andrés Bravo: “A ellos yo les pagaría todas las privadas posibles. Encontré mis maestros”. Y nos reímos.

Vanesa y Facundo son una mezcla entre el prodigio y el estudiante aplicado, un híbrido entre Mozart y Beethoven y, yo una estudiante primipara que  solo puedo agradecerle a la vida por haberme puesto allí. 

He llorado, he bailado, he dudado. Pero también he entendido algo profundo: el arte es hogar cuando se siente propio.

Andrés Bravo y Sara Rengifo

Un abrazo inesperado (y profundamente colombiano)

Reflexiones desde una milonga en Irvine. Cuando el cuerpo y el alma se sincronizan en el abrazo.

He sido muy afortunada durante mi primer año, pues vivo en una ciudad donde a pocos minutos tengo a Guada y a Junior Cervila y puedo, cada mes gozar en su milonga.

Además Anna Critchfield, una rusa amante del tango trae cada que puede a diferentes maestros para que dicten talleres y fue gracias ella, que pude bailar con “Dios”, como le dije yo por molestar a Claudio Villagra, baile una tanda con ese grande y quedé con la boca abierta. Eso fue solo unos días antes del festival, es una persona muy sencilla y por eso luego de llegar de SoCal pensé que tal vez un grande como él me podía ayudar a entender un poco lo que viví, así que le escribí lo siguiente: 

“Hoy estoy muy sensible… He intentado escribir y describir todo esto en una especie de crónica personal para hacer catarsis (soy periodista). El punto es que, en ese festival, bailé con una persona con la que entendí lo que es la conexión en el tango. Y desde entonces me pregunto: ¿eso empieza a pasar más seguido una vez que ya lo viviste? ¿O es una cosa que ocurre solo cada mil años?

En medio de una milonga, un bailarín colombiano me invitó a bailar. No lo conocía. Pero cuando me abrazó, así es como se le llama a la posición en la dos personas se conectan para bailar, sentí una conexión familiar como cuando alguien te habla en tu idioma. No fue como bailar con un grande, como tú, que me dejó con la boca abierta por su técnica y presencia. Fue diferente. Fue como si hubiera bailado con mi otro yo. Con alguien que escucha e interpreta la música de la misma forma en que lo hago yo. Como si mis oídos y mi mente movieran nuestros cuerpos.

Pero lo más raro y hermoso fue la energía en el pecho. Sentí como si yo tuviera una linterna apagada adentro de mi pecho, y que, al empezar a bailar, se encendió. Era una luz cálida, una emoción que nacía en el centro del pecho y bajaba hacia la boca del estómago. La linterna siguió encendida aún cuando dejamos de bailar. 

Me quedé con esa sensación encendida, sin entender cómo era posible que alguien pudiera escuchar y moverse casi exactamente como yo lo haría, para interpretar cada sonido. Fue como encontrar a mi alma gemela del el tango.  Entendí la importancia del abrazo. 

Le dije a ese colombiano que sentía como si escucháramos la música de la misma manera, prestándole atención a los mismos instrumentos, en los mismos momentos. No sé cómo describirlo, pero sí sé lo que sentí, y eso… nunca lo había sentido.

Él se sonrió y me dijo: “Eso se llama conexion”. Y fue como si otra pieza del rompecabezas se aclarara. Entendí lo que la gente quiere decir cuando habla de la conexión en el tango. Pero como aún soy nueva en esto del tango, me quedé con la pregunta: ¿cada cuánto se da ese tipo de conexión? ¿Volverá a pasarme con alguien más? ¿Siempre es mutuo? 

La respuesta de Villagra fue un audio porque estaba manejando a la clase que él y su esposa  dictan los martes en Miami y en el audio me decía: “que lindo eso, no es tan común y menos que sea mutua pero eso es el tango, trata de que no se pierda esa conexión, especialmente si es mutua.”

En la foto Anna Critchfield, Gy y Adri Lein, Claudio Villagra, Matha Adamczyk.

Aveces es mejor no saber:

Y al día siguiente, el colombiano con quien compartí tres tandas inolvidables, ganó el primer puesto en categoría Tango de Pista y Milonga, y el segundo lugar en Vals junto a su pareja. Sentí una alegría enorme por ellos. La verdad, el día de la final fue la primera vez que me fijé en él y su pareja como competidores, porque mi corazón estaba con otras dos  parejas Carolina Balmaseda y Andrés Bravo, Jael Mantilla y Jesús Aranguren. No solo los estimo, también creo que son increíblemente buenos.

Ese día, aunque mi corazón seguía con Caro y Andrés, decidí abrir los ojos y observar a mi alrededor, ser un poco más objetiva. Fue entonces cuando vi la grandeza de Carlos Urrego y Ruth Hernandez. Otra vez sentí esa magia… como si los pies de ellos provocaran los sonidos que mis oídos más aprecian. Bailé con ellos sentada, con los ojos, con el alma. Pero también tenía la responsabilidad de grabar a mis amigos y apoyarlos. Fue una batalla entre titanes. Caro y Andrés tienen una presencia en el escenario que no se puede ignorar. Creo que nacieron para bailar juntos. Los vi hacerlo por primera vez cuando apenas decidían unirse como pareja. Sin ensayos ni más, ya eran uno. Ya eran espectáculo.

Esa noche, Carlos ganó. Y yo me alegré, porque Caro y Andrés también ganaron en la categoría escenario, con un despliegue de técnica, sentimiento y limpieza que solo ellos saben hacer..

Carlos me volvió a sacar a bailar pero ahora yo ya sabía quién era él. Ya se había convertido en campeón. Y sin embargo, bailó otra vez conmigo. Desde el momento en que nos paramos uno frente al otro, sin contacto, antes del abrazo… puff… volvió a pasar: un solo par de oídos con cuatro piernas para interpretar el sonido.

Carlos Urrego y Ruth Hernández Campeones de Tango Pista y Milonga SoCal 2025.

Me pregunto si volverá a pasar. Porque fue mágico.

A veces el tango no necesita técnica. Solo presencia, y un corazón dispuesto a latir al mismo compás. 

¿Es técnica? ¿Es química? ¿Es acaso cultural? La conexión es ese misterio que nos obsesiona y nos sostiene en cada tanda.

Y quizá, como el arte, no se explica. Se siente. O no se siente. Y eso también está bien.

Al final creo que la verdadera conexión fue conmigo misma.  Volví a ser niña creo que la conexión real fue con la Sara de 4 años que bailaba todo el día, la que solo quería ir a sus clases de danza folclórica y música. No sé cómo hice para acallarla por casi 15 años. Me llené de excusas después de un accidente que me dejó con una rodilla sentida, eso sumado a mis ocupaciones de adulta apagó a mi niña interior, mi niña cuya pasión era bailar. 

Noches de milonga. El arte como espejo emocional.

Al final de cada jornada, había una milonga, era como un viaje en el tiempo. La música, los DJs, los performances… todo era mágico. No solo la música, sino también la gente, la elegancia en la pista. El ambiente era increíble. Cuando Sebas y Cynthia bailaron su tributo al “Parejita” milonguero quien acababa de fallecer a sus 95 años, se me erizó la piel y como para variar se me aguaron los ojos. 

Jonathan Saavedra y Clarissa Aragon bailando en la milonga del Jueves 27 de Marzo SoCal 2025.

Todas las presentaciones eran espectáculos de primera categoría. El show de Facundo y Vanesa fue una obra maestra, y los bailes de Juan Malizia y Manuela Rossi, hipnóticos. No era solo verlos bailar; era ver arte en movimiento. Y la última noche, cuando todos los maestros bailaron juntos, sentí una conexión única con cada movimiento.

Este fue mi primer festival, y aunque no tengo la autoridad para compararlo con otros, puedo decir con certeza que SoCal Tango Festival cambia vidas. Es una experiencia transformadora. Vale cada centavo.

La belleza que duele: De vuelta a casa: 

El día de mi regreso, estaba cielo gris, se sentía el vacío… todo se sintió como una despedida. Caminaba con nostalgia, como si ya no estuviera en ese mundo lleno de magia, de tango. 

Sin embargo en el restaurante del hotel encontré una cara familiar quien me invitó a unirme a ella y a su amiga para el desayuno. Ella no recordaba mi nombre pero yo tampoco el suyo. En medio de su vergüenza al preguntarme mi nombre nuevamente dijo: “perdón es que ya tengo demencia por la edad”. Yo sonreí y le dije tranquila yo tampoco recuerdo el tuyo, y así nos presentamos entre las tres nuevamente. Susan seguía repitiendo que tenía demencia y su amiga Thai un poco disgustada le dijo no es cierto no digas eso. yo en medio de mi ignorancia muy atrevida como siempre, me metí a explicarle a Susan porque no debería continuar repitiéndose a sí misma que tiene demencia y le dije que su cerebro iba a terminar por creerlo.

Fue un desayuno lindo pues a mi me encanta leer y terminamos hablando de las funciones del cerebro y para mi sorpresa Thao es neuróloga y Susan Aree odontóloga.  Así que Thao Nguyen, la neurologa (yo aun no sabia sus profesiones) me miró y dijo totalmente cierto lo que dices y nos dio una cátedra de cómo nuestro cerebro se programa lo llamo (self-fulfilling prophecies) profecías autocumplidas, es decir que tu cerebro termina haciendo realidad eso que tanto afirmas. Fue sin duda el mejor desayuno y la mejor manera de terminar mi viaje al hotel donde de cierta manera había tenido muchos momentos de Epifanía. 

En mi primer vuelo de regreso, llegué con muy poco tiempo para la conexión, cansada porque venía escribiendo partes de esta crónica en el avión, algunas en mi mente y otras en mi teléfono. Corrí una maratón por nada, ya que el segundo vuelo se retrasó. Fui al baño y, como para variar, volví a escribir más líneas en mi mente sobre mi experiencia emocional en el SoCal Tango Festival. Cuando aterrizé, me di cuenta de que estaba caminando en la dirección equivocada, lejos de la puerta de embarque. Me detuve en seco (otro meme para quien lo haya notado), di la vuelta y me reí sola, hasta que me senté en el suelo para esperar el vuelo. 

En Phoenix, Tuve la suerte de encontrarme Zilfe Fever quien como yo, había viajado desde Sarasota a SoCal compartí muchas de mis emociones. Sentí que el festival me dejó algo profundo, algo que aún sigo procesando.

No estaba preparada para que el tango me confrontara con tanto. Me vi vulnerable, expuesta, humana.

El arte que conecta no siempre consuela. A veces, solo te muestra lo que aún necesitas mirar. Y asi fue, Al llegar a casa, con una leve gripa que sé que mi cuerpo somatizó, sentí que había dejado atrás una parte de mí, pero también me llevé un pedazo de todo lo vivido. Y mientras sigo procesando esta experiencia, me pregunto si todo lo que sentí en el festival, esa conexión única, será algo que se repetirá alguna vez. Pero por ahora, lo único que sé es que esa fue una experiencia que jamás olvidaré.

Así termina esta Epifanías en tacones. 

Campeones Tango de Pista SoCal Tango Festival and Championship California 2025.
Facundo Pinero & Vanessa Villalba bailando en una de las milongas SoCal 2025.

Fotos by SoCal 2025 and Don An.

Published by Sara Rengifo

I hold a BA in Social Communication—journalism and a Real Estate License in Florida. After more than 10 years working as a journalist in Colombia, I moved to the United States. I love everything related to real estate, construction, and design work. In my spare time, you might find me writing, reading, enjoying the beach, dancing, or volunteering with the Clearwater Marine Aquarium.

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